TE SUBISTE A TU DRAGÓN, CORINA.


Estampitas en el espejo.
Te pegan, y sonries.
De un lado, hacia el otro lado. Caminas
Lavaderos de ropa sucia y almas que lloran.
Juego en tu patio, te abrazo y río.
Parras que me despeinan, olor a pan.
Quiero mi taza. La que escondes de otros para mí.
Uñas rotas matan piojos.
Agüita con jabon, como te extraño.
Te recuerdo espiandome por la ventana.
Humito de espiral.
Que podría haber hecho?.
Que és lo que no hice?.
Esta noche quiero que vuelvas.
Con tu caramelo con pelusa, y tu cuento en la cama.
Mujercita de cara cansada.
Cinco latigos de fuego.
Dientes postizos. Vasito con agua.
Dame un frito. Y yo mi abrazo.
Pesebres de yeso.
Delantales con harina.
Te subiste a tu dragón, Corina.
Pero nunca más volviste.
Me olvidé de pedirte perdón por pisarte el sillón,
Y por no haber hecho la cama.
Me olvidé de contarte que te urgaba el ropero cuando vos no estabas.
Granos de arroz en vasos de agua.
Vino fiado.
Permisos para jugar.
Permisos para ser feliz.
Nadie extraña a tu verdugo. Leyes de la vida.
Quiero ver tus lentes gruesos, biblia vieja.
Vieja de mierda, te quiero.
Te subiste a tu dragón Corina.
Y ahora?, Quién me acicala bajo la parra?
Deberías verme, jugando a ser yo.
Que hago ahora con mi empacho?.
Tu nombre sobre el metal, no me divierte.
Jabón en pan, lata del perro.
Y ahora...quien me acicala?

L


Que va a ser de mis colores sin tu cristal?
Nadie te pidió que me acabaras:
Nadie te pidió que te fueras, solo que no te quedes así.
Nadie te pidió que me entiendas, solo que me escuches.
Quien va a traducirme el sonido?

Quisiera tanto que no fuese así.

El secreto… Quienes no van a saber nuestro secreto?
Que gracia va a tener que lo sepan?
Que va a importar el día sin nuestra noche?.


En las tazas frías llenas de nada iremos a la deriva,
pared contra pared. Va a ser aburrido.
El balcón.
La noche que entraste por la puerta, nadie va a cerrar las cortinas.


No quiero terminar la carta esa, no quiero la estampilla. No quiero la espera cruel.
La falta de respuesta. La boca de velcro. Ojos de piedra. El refugio tibio.
El tiempo violento contra mi pecho. El olvido enmascarado… y después.


Nadie te pidió que me acabaras.

No quiero la canción vengadora. Viene hacia mí, al galope sobre los recuerdos
atesorados por nuestro ejército de besos muertos de insomnio.

No quiero un futuro mejor, ni aprenderme de memoria a nadie más.
No quiero que sea mañana si no tengo que esperarte dos horas.

No quiero saber si me vas a extrañar. Porque no quiero que lo hagas.
No quiero morirme del miedo a las tres de la tarde.

No quiero escribir nunca mas esto.
AL FIN Y AL CABO LAS COSAS SE SUCEDIERON ASI:
NUNCA ME ACOSTE CON ALGUIEN QUE NO DESPIERTE AL OTRO DIA.
NI NADIE QUE COMA SIN CUBIERTOS.
PARA EL AMAR Y SU GERUNDIO, UN VASO CON AGUA.
EN LA GARGANTA ESTORBA.
COMO EN EL PECHO EL MIEDO.

NUNCA FUI A BUSCAR A ALGUIEN QUE NO LLEGUE.
CONFORME EN MI COBARDIA.
ME CONSUELA EL PEQUEÑO PLAN Y SU PREMIO CONSUELO.

REGURGITO SU VESTIDO TRAS LAS CORTINAS QUE DAN AL MUNDO POR DONDE ELLA CAMINA, AHORA SIN MI.
LE TENGO TERROR A SU FELICIDAD QUE DECIDIO PRESINDIR DE MIS SERVICIOS.

ALGUIEN TENIA QUE DECIRME LA VERDAD, DE TODAS FORMAS.
PERO...ELLA?. ESA NOCHE?


MI FORTALEZA MAL VISTA Y MI EGO MAL COJIDO DUERMEN EN LA MISMA CAMA. PERO MI MENTE VIAJA EN TU ASIENTO.
COME DE TU PLATO.
AL FINAL NO SOY TAN ESPECIAL COMO DECIAS.


LA CULPA ES TUYA...POR DORMIR CON ALGUIEN QUE NUNCA DESPIERTA.

Todo por asalto... ( la prestobarba del carnicero)


Què!?... ahora què querès?.
Nunca te enseñaron a golpear la puerta?
Què!?... siempre tomàs todo por asalto?.
Cada vez que giro mi cabeza el mundo cambia de colores. Tàl como lo conocimos, no es màs.
Lo que tocamos cambia de texturas, los que yà somos viejos nos volvemos jovenes con el sol, asi como hacen las flores.

Te importa poco todo esto... y a mì menos.
Què màs dà... el mundo gira solo por ser redondo.
Cae en su propio peso.
Què mierda te importa!!... no estas echa de caramelos, al fin.

Serà uno de esos dias que no sabemos que vamos a comer a la noche??..
Què!?.. Siempre tomàs todo por asalto?... nadie te enseñò a tocar la puerta?.


Estaba convirtiendomè en algo inetresante, mi metamorfosis no encuentra alivio. Esta noche querìa ser algo
que me haga sentir mejor.
No soy de esos que se echan para atràs, ni se te ocurra que te voy a pedir perdòn por algo en particular. Yo apunto y disparo
sin màs. A veces acierto... bah!, casi nunca. Pero lo intento seguido. Eso me hace mercenario... verdad?.

Què!?.. el huevo o la gallina?. A quièn carajo le importa?.
Casi nuca soy el mismo, aprieto mal las teclas ahora, como veràs, es que estoy escribiendo emocionado.


Vas a caminarme por la espalda... asì como me caminàs por la cabeza...
Mi fama de chico bueno...
Mi mote de luchador griego...
Filosoficamente blando...
En la espalda no esta bueno. Me gusta en la cara... tu peor cara. La tiranìa de tu jadeo ensordece. Verte luchando contra no sè què fuerza... eso està bueno.

Yo querìa saber què mierda iba a comer esta noche.
Què!?... nadie te enseño a tocar primero?.
Ò siempre vas a tomar todo por asalto?

Efecto Residual (16x4 II)


Poco nos duró la ropa esa tarde.
Poco le importó mi esforzado y conciso discurso sobre moralidades y obligaciones personales. Poco nos duro el apetito de la merienda. Poco el “no me mires”, muchos menos el “no me toques”.
Trepó al árbol con furia, como en venganza del placer reprimido. Mordió cada rama, cada hoja. Yo le sostuve la escalera y reía espiándola; por un momento no entendimos qué, pero nos estaba pasando. El roce ayudó. Poco nos duró la conciencia. Cuando quisimos abrir el paracaídas ya estábamos en el suelo. Muertos. Abrazados, desnudos.
No sé por qué, pero nunca pago los floreros que se me caen de la mano. Riego los pisos de cosas rotas, me lastimo los pies y lloro. De todas formas, nunca íbamos a volar alto si nos mordíamos apasionadamente las alas en pleno vuelo de bautismo. El estruendo era inevitable, todo se movió, todo salto sobre sí mismo. Y ahí estábamos. Reíamos de placer. El placer de estar muertos de una buena vez por todas. Ella tenía una rama del árbol viejo en la mano, y yo, la boca llena de plumas. Todo quedó mudo, como si el mundo entero supiese que acababa de nacer un nuevo secreto.
Su cuello olía a crimen y a impunidad. Estábamos sucios. Y muertos. Con las alas destrozadas y la boca llena de plumas. Ella me hincó la rama vieja en las costillas con miedo y desesperación. No quería volver a sentirse sola de nuevo, nunca más. Y yo no quería vivir sin volver a caer de nuevo.

La bocanada repentina y ancha me despierta y me irgue de un solo movimiento. Resurrección. El lamento fatuo e irreverente de los ladrones: el motín siempre es poco.

Antes de irse, ella me prometió nunca arrepentirse de nada. Y yo le prometí nunca prometerle nada.
Volvimos a la mesa de la merienda ya fría e innecesaria. Tratamos de justificar todo, nos engañamos. Escribiendo nuestra propia letra chica nos despedimos hasta la próxima. Ya habíamos encontrado la nueva escusa.
Al final la culpa nos duro poco esa tarde. Igual q la ropa.

64 Canciones ( 16x4 I)


Ella rompió su tenso silencio repentinamente como quien toma la determinación de pararse para escapar a toda prisa:
- Quiero una cerveza. Tengo calor. Mucho calor.
Se mordió el lado izquierdo de su labio inferior y agachó la mirada, quizás arrepentida, quizás expectante de una respuesta favorable, el hecho es que ella desde abajo lo esperaba. Le había dado la pelota. Era turno de él.
Él, superado por la ansiedad de ver hecho realidad su plan desprolijo le contestó sin temor. Era tiempo de la última carta. La rueda de la fortuna que ella había echado a rodar con fuerzas estaba perdiendo la inercia y el chiste.
- No tengo cerveza. Pero tengo un beso ¿lo querés?
Por un segundo se sintió perspicaz y efectivo, pero luego, al instante, un imbécil. Un imbécil que dejó de ser especial al conocerla, porque desde ese momento quiso lo que quiere el gran común de los varones. La quería a ella y de la forma más pedestre, de carácter urgente.

Dos vueltas enteras de un disco de Elvis pasaron desde que ella cruzó la puerta del departamento hasta que él se pronunciara valiente (o imbécil). Dos vueltas enteras de un disco de dieciséis grandes éxitos. O sea, treinta y dos canciones duró la ceremonia protocolar. Al parecer ya no había más nada que decir. Al parecer no había otra cosa que hacer. Y al parecer ella tenía muchas ganas de tomar una cerveza o al menos tenía mucha sed. Eso acusó su beso desesperado, su beso solo.
Atónito por el destello de los chispazos que ella lanzaba con su boca-sola y adormecido por la ternura del aroma de su respiración tuvo la necesidad de abrazarla. Abandono la silla y se irguió sobre sus piernas sin separar su boca de la de ella, y ella hizo lo mismo con su silla y con sus piernas. Y así los cuatro brazos hicieron lo mismo al mismo tiempo. Apretaron con fuerza como si quisieran rescatarse el uno al otro de algún mal tan inevitable como la vida. Por diez segundos se rescataron el uno al otro de la vida. Treinta y dos canciones después.
Consciente de la impostergable y cruel ley de gravedad y su recio y eficaz corolario que sentencia para siempre que todo aquello que sube tiene que bajar. Aprovechó él, que ambos se encontraron en pleno vuelo de bautismo y la advirtió con los labios pegados a los de ella que estaban caminando hacia el cuarto de la cama cómplice, la cama donde él en su soledad juntaba millas de vuelo para huir sin previo aviso del planeta. Ella le dio a entender con la lengua y sin despegar los labios, que no existía impedimento alguno que postergue la faena. Es más, ella también llevaba sus ganchos y cuchillas para la ocasión. Sólo que él no se había dado por aludido porque él tenía un lado imbécil que lo cegaba a medias.
Y fue así que, sin óbice alguno, dejaron pasar una vuelta más al disco de Elvis.


Dieciséis canciones duró el periplo de gemidos, caricias y confesiones absurdas. Ella tardó dieciséis canciones en volver de su fuga feliz. Por el lapso de dieciséis canciones ella olvidó que tenía una casa aún tibia, se olvidó de su tortura de dos plazas, de los frascos llenos de excusas y secretos, se olvidó de limpiar del baño sus pelos gruesos que riega por doquier, de los pinceles y espátulas agobiados de esperar lo mejor de ella, se olvidó que a veces respira esa humedad interna que le dan ganas de gritar, de la guitarra rota bajo la cama, de desafortunados escarpines, de la mierda de su trabajo. Ella lo besaba. Ella lo tocaba. Nada más le importó en esas dieciséis canciones. Él usó ocho canciones para demostrarle el porqué ella lo había elegido y el porqué no se había equivocado. La exploró. Besó sus estrías, lo enternecía. Por ocho canciones se dedicó a quererla y a verla sonreír. Las últimas ocho él la cuidó entre sus brazos y sintió como ella se alejaba relajada a ese lugar donde él nunca había estado. Ella sujetó un puñado de él y lo tele transportó por un momento contagiándolo con su locura. Él le preguntó donde quisiera estar en ese momento y que le gustaría estar haciendo, ella sólo contestó:
Aquí.


Se despabilaron de repente, era la hora de volver a la vida.
La ley se cumplió: subieron y bajaron.
Él trató de describirle el mar. Y ella lo imaginó con nostalgia.
Bajaron abrazados por el ascensor, salieron a la calle y ella levantó la mano. Desde arriba del taxi lo saludó con ojos resignados. Se despedían. Sin saber hasta cuándo.
Ella se fue con el labio partido; el mismo labio que se había mordido sesenta y cuatro canciones antes y él trató de concluir sobre un trivial borrador, uno se de esos borradores con los que uno se vuelve a topar dos años después en un domingo de limpieza; con su lapicera de juguete escribió que: hay personas que escupen al cielo y les cae la saliva en el ojo y personas como ella que escupen al cielo y manchan lunas y que tienen la facilidad de subir a la luna para escupir el espacio.
Por un momento él se sintió tuerto y enano. Al rato, afortunado.
Ella recordó en su silencio que la refugiaba a su beso rompebocas y el diálogo aquél:
- ¿Dónde te gustaría estar ahora? ¿Y qué harías?
- Aquí- Solamente.

A veces mi soledad quiere que la bese en la boca...


A veces mi soledad quiere que la bese en la boca.
A veces me espera en la puerta del baño con la toalla limpia.
A veces me espera sano y salvo por las noches en casa.
Y a veces se va de viaje con otros hombres.

A mi soledad le gustan los guisos y el pan con manteca.
A veces abraza. A veces pega.

A veces le soy fiel.

Algunas veces mi soledad me reclama en la cama.
A veces me echa.
Yo a veces la odio, y otras veces la beso en la boca.

Mi soledad que es puta y señora.
Mi soledad que es hermana y arpía.
Las noches que ella me olvida duermo con otras. Y la extraño de día.
Mi soledad a veces me enferma y casi siempre me cura.
Mi soledad me enfría el café de la mañana y por las noches me abriga.
Mi soledad, que no olvida, manda postales.
Llorando se confiesa.
Me enfrenta.

Centurias de tiempo, sentados en la esquina
la tarde aquella que me dijo que se iría.
Y ahora que vuelve, limpio la casa.
Le hago comida.
A veces viene voraz e impaciente.
A veces fugaz y efímera.
A veces quiere que me vaya de su vida.
A veces mi soledad quiere que la bese en la boca.

claro q puedo
claro que si.
dentro de todas las olas del mundo vienen las sales,
esas que estan llenas de sol.
de todas las lluvias, las olas de los mares.
de todas las sales, las olas de los mares.


es entonces que puedo,
claro que si.

marejadas introspectivas de mi culpa.
y mi coraza...

mi ola de sales y soles, de aguas de lluvias lejanas.
todos guiados por mi estrella, viajamos.
la noche, la brisa de la mañana.

claro que sì.
puedo.

DOC


Sujeta a las crines de mi
cometa-galopacielos.
Vas a volar.
Dejate llevar.
Cuando mires hacia arriba
van a ver que regamos fuego
por donde vayamos.
A donde quiera que vayamos.
Dejate llevar.
Cuando perdamos el miedo
y aprendamos a ver.
Muy, muy arriba.
Muy, muy rapido.
Vos y yo.
Mil trenes
el dia que hagamos temblar todo
y reguemos el cielo de fuego.
Me vas aregalar eso que brota de tus manos
y yo celoso, mi caja secreta.
Voy a trepar el arbol
y te voy a contar como se ve el mundo.
Cuando el sol se esconda
nos sorprendera el universo
derrumbando muros tiranos.
Y cuando amanezca yà algo habrà cambiado.
Te voy a entender valiente
y vas a reir de locura.
De mi mano vas atrepar, conmigo.
Veremos el fuego en el cielo,
el galope de nuestro cometa
y un mundo sin muros.

Pipio-song


Extraño mucho
El speech de su beso.
Polainas antibalas.
Mucho, mucho el funck.
Pisos con lunares.
Pitufresas y balones.
“as and them” y el lado caliente de tu cama.
Tengo auriculares para no hablarte.

Hoy extraño mucho.

Eramos la metonimia de ese bar pequeño.
De tanto beatificarte en el parquet,
te convertiste en angel.
Pero lo que extraño no es tu cuerpo;
Si no, tus alas que me solìas prestar.


Ah!! La vida compañera!!
Cuando presumiamos de cosas que ahora nì nos divierten.

Deberìas haberme visto cuando ella me pidio baño de soles.
La lleve de la mano hasta el cielo
Y con mis alas propias.
Una vez allà arriba me acorde de vos.
Nostalgia. Sonrei.
Hubieras estado orgullosa.

La ultima mesa fue mas larga que la anterior.
Asi no.
Prefiero imaginarte.
Vos me espias y yo te comprendo.

Ah!! La vida, mi querida compañera.
¿en que patio dejamos el cancionero?.
Como extraño mi cancion orate
Y mi escenario escandalozo.
Lamiendo mi brazo lo entendì:
“estamos echo de lo que nos dieron”.
Y nosotros que no usamos vasos.

…mucho, mucho el funck,
y lo èpico de nuestro cielo.

Guacalajara, cuando te pienso...(Azucena)


....ufff, cuesta arriba...uyy!!...cuesta abajo..
los dias q terminan en las noches, las noches q comienzan los dias...ventanas q cambian de colores con las horas..
alitas de plata, debajo de mi cama.
quiero mi frida apasionada.
q sueñes conmigo.cuando duermas con otros.
te imagino imaginandome. y vuelvo a la tierra.
la promesa de una playa para mi solo, me pone ansioso.
de mi pecho mutilo palabras en tu honor.
las guardo en sobres mudos. viajeros.
mis dias de esperanza de tus manos beben.
y yo sentado, cierro los ojos.
en mi rio, triste, frio. pescaditos de plomo.
lunas sordas de tanto escucharme.
otra vez las flores q florecen hacia abajo, como en aquel viejo papel.
una cama despechada q no me deja dormir. me destapa.
el mundo seguira siendo igual. y yo. cierro los ojos.
beso a mi barbie azteca, y me doy la vuelta.
los colores de mi ventana.tanta cuesta arriba. tanta cuesta abajo.
de donde vengo, los corazones lloran.
de lo q estoy echo, manjares de cerdos.
diez pasos y pateo.
el muro.
la taza fria.
mataria por mi playa.
quiero a mi frida apasionada.
arenitas en la sabana.
besos a la madrugada.
las buenas noches.mis mañanitas al oido.
yo cierro los ojos.

un domingo de octubre..


Quizás sean estas las situaciones en donde puedo llegar a sentirme distinto en un momento. Un domingo a la mañana lluvioso y templado me comprende inspirado con vestigios de ciertas sustancias en suspensión por mi cuerpo. No me condiciona. Es como aprender a caminar con tacones. Nada imposible.
Sin embargo, no dejo, a veces, de sentir cierta culpa. Pero... que chingón!!. Qué tan leñadores, tan abuelitas o tan caperucitas seriamos sin nuestro lobo?. Sobre las paredes relamidas de melodías que ciertas guitarras chinamente eléctricas adoban mi casita urente, escribo estas palabras y proyecto imágenes del ayer y del mañana. Creo que estoy creando y creo en mi de nuevo. Mi bengala interminable y mi lágrima maravilla, obstinadas, luchadoras sugieren que tome la guitarra, el lápiz, o que me pegue una ducha que me devuelva la moral.
Maldito seas domingo a la mañana!. Hierático e impaciente. Tan emancipado de esa histérica inercia de los días hábiles, hábiles en comer corazones. Incontenibles, bebedores de sangre y gaseosas Light.
Perdón por el desliz, vuelvo a mi domingo. Recibo la llamada sorpresa de la semana. Ya no estoy solo. Solo fue una sensación. Quizás la consecuencia de una cama que no reclama ser tendida o un departamento con todas las luces encendidas a las diez de la mañana, las botellas vacías entremezcladas con la manteca y el pan, o quizás sea el hecho de que nadie me saluda a lo lejos cada vez que me voy a la guerra... mi guerra. En fin, mi bengala tira luces y escupe chispas. No hay penumbras, no mas. Y así, en este ambiente insustancialmente caótico deviene como un abrazo tu recuerdo. Tierno y caliente. Ahora si que estas perdida!!. De una forma u otra tu imagen pasó por mi lente. Ya sos mía, para siempre. Es mi derecho, mi método. Y vas a besar y vas a abrazar con tu forma, tu garbo y la lozanía de tu lengua que entiende que en cualquier otra boca está a salvo. Me río por la ironía. De nada me sirvió el talento, ni mucho menos mi premio novel en goma espuma para ochenta kilos. Mi medalla de oro en sexo paraolímpico acusa solamente mi voluntad innata. Creo que al final es mejor así, cada uno a su tiempo y a su velocidad.
Solo escribo estas palabras para agradecerte mi momento de gloria. Inspiración. Gracias por la corona y las flores. Pero quiero que sepas y tengas siempre presente que de todos los balcones el mío es el mas viciado y ansioso. Algunas noches perdemos la sutileza al invocar tu nombre. No digas nada, pero creo que está loco. A veces me fatiga su queja y salgo a equivocar el camino, como de costumbre. Como verás estoy bien vivo, la última muerte no atinó con certeza. Mi vanguardia férrea y estúpida me salvó la vida de nuevo. Al menos eso me queda. Autodefensa.

Será usted la correspondida por mi inspiración por el simple hecho que es usted la mecha de mi dinamita de colores. Mi doctora salva vidas. Cuidado ¡mi cabeza es una gran piñata!.
Espero que entienda que tengo la obligación moral de enviar esta carta. No quiero alterar nada, ni a nadie. Es solo mi forma de ser.
Gracias por su tiempo.

..a quien corresponda..


Libido haragan
El beso lerdo.
Escupe y echa soles sobre mi cielo y mi cabeza.
Escupe y mancha luna sobre mi noche
Y la embellece.
Su pelo malacate.
Su abrazo antivuelco.
Su lengua escarpelo.
El capricho manso de un disparo por amor.
La vida y la muerte,
En un frasco de miel.
El sordido silencio de un reloj quieto.
Quiere mas tiempo.
Quiere mas espacio.
Y yo, la escena de la cama sin rencor.
Y yo, la infinita intermitencia de su risa.
Y yo, nadar en el frasco.
Y yo, con mi finjida paciencia a cuerda.
Y ella, que de tanto en tanto se aparece.
Y su sinfonìa de cajitas musicales.
Y ella, mancha mi luna y la embellece.
Y ella, escupe soles sobre mi cielo y mi cabeza.